sábado, 5 de abril de 2014

Sobre otra guerra: El violonchelista de Sarajevo de Steven Galloway

La historia de cuatro personas que intentan sobrevivir en una ciudad asolada por los estragos mientras un afligido violonchelista toca impertérrito en mitad del caos. Un día, un obús cae sobre la cola que hay formada frente a una panadería y mata a veintidós personas, mientras el violonchelista lo ve todo desde su piso. Se hace la promesa de sentarse en el cráter que ha dejado el mortero y tocar el Adagio de Albinoni una vez al día, y un día por cada una de las víctimas. Mientras tanto, Kenan se arma de valor para emprender su caminata semanal por las peligrosas calles en busca de agua para su familia. Y Dragan, un hombre al que Kenan no conoce, intenta llegar al lugar donde trafica con comida y sabe que conseguirá protección. Ambos están prácticamente paralizados por el miedo, sin querer hablar con sus antiguos amigos de cómo era la vida antes de que las divisiones se multiplicasen en su ciudad. Y también está Flecha, el pseudónimo de una diestra francotiradora a quien se le pide proteger al violonchelista de otro francotirador oculto que tiene intención de matarle mientras toca su homenaje a las víctimas.

Con El violonchelista de Sarajevo Steven Galloway no deja indiferente: el corazón, la garganta y el estómago procesan el texto más deprisa que la razón. Nuestro sillón se traslada a zona de guerra y todo se vuelve real a la vuelta de la página.
Abundan las descripciones de la ciudad y escasean las de los personajes, pero esto no nos deja sin conocerlos; físicamente sabemos poco de ellos, pero su escala de valores nos anticipa sus actos.
El violonchelista a partir del cual Galloway narra su historia se llama Vedran Smajlović, y tal como cuenta el autor, el 27 de mayo de 1992 pudo ver cómo un obús cae sobre una larga cola de personas delante de una panadería. Fallecieron 22 de esas personas. Al día siguiente Vedran coge su violonchelo y decide tocar el bolero de Albinoni en el mismo lugar donde ha caído el obús en homenaje a las víctimas, y tocó durante varios días por la paz y la dignidad humana. Durante el asedio, también tocó gratuitamente en varios funerales, a pesar de que este tipo de actos eran frecuentemente objetivos del fuego enemigo. Aquí tenéis una foto.


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